Esa nota la publiqué originalmente el 8 de enero de 2013. Al releerla hoy encontré muchos huecos, algunas faltas de ortografía y varias ideas que podían explicarse mejor. Sin embargo, el tema me sigue pareciendo vigente, así que decidí darle una manita de gato, actualizar la fotografía y volver a compartirla.
A veces olvidamos que detrás de cada perfil hay una persona con contextos, trabajos, relaciones y momentos que no necesariamente quiere compartir con todo el mundo.
Hace algún tiempo leí una frase que me llamó mucho la atención:
«Etiqueta digital: siempre pide permiso antes de colocar públicamente una foto de un amigo. No se trata de normas de privacidad, se trata de decoro humano».
La escribió Randi Zuckerberg, hermana del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, después de verse involucrada en un lío por la publicación de una fotografía suya.
Ese comentario me animó a escribir sobre algo que ya traía en mente o, mejor dicho, algo que me incomoda de alguna manera. Y por las publicaciones y comentarios de algunos amigos y conocidos, sé que no soy el único.
Quizá para ti etiquetar a alguien en una fotografía sea una simple muestra de amistad, una forma de decir «estuvimos aquí» o «mira qué bien la pasamos». Pero para la otra persona puede significar algo muy distinto. Puede que no quiera mezclar ciertos círculos sociales, que no quiera exponer a su familia, que simplemente no le guste aparecer en fotografías o que, sencillamente, considere que esa imagen pertenece a un momento privado.
Las redes sociales nos han dado la capacidad de compartir prácticamente cualquier cosa en cuestión de segundos, pero no siempre nos hemos detenido a pensar si también tenemos el derecho de hacerlo.
Y es que el problema no es la tecnología. Facebook, Instagram o cualquier otra plataforma solo nos ofrecen herramientas. La decisión de utilizarlas con consideración sigue siendo nuestra.
Pedir permiso antes de publicar o etiquetar a alguien no debería verse como una limitación, sino como una muestra básica de respeto. Del mismo modo que no entraríamos a una casa sin tocar la puerta, tampoco deberíamos asumir que podemos colocar a alguien en una publicación sin preguntarle antes.
Aquí es donde vale la pena recordar una idea que sigue siendo vigente.
Como dijo el Tío Ben:
«Un gran poder conlleva una gran responsabilidad».
Benjamin «Ben» Parker
Aunque la frase venga de un cómic, pocas veces ha resultado tan aplicable a la vida cotidiana como en esta era de redes sociales. Hoy todos tenemos el poder de publicar, compartir, etiquetar y difundir información con una facilidad impensable hace apenas unos años. Precisamente por eso también tenemos la responsabilidad de pensar en las consecuencias de nuestras acciones.
La reflexión de Randi Zuckerberg me parece valiosa precisamente porque cambia el enfoque de la discusión. No habla de configuraciones de privacidad, de permisos dentro de una aplicación o de las herramientas que ofrece una red social. Habla de algo mucho más simple y, al mismo tiempo, más importante: el respeto por los demás.
Al final, la etiqueta digital no se trata de configuraciones de privacidad, botones ocultos o permisos dentro de una aplicación.
Se trata de recordar que las personas siguen siendo personas, incluso detrás de una pantalla.







Yo creo que esto fue lo que pensaron las 12 o 16 personas que se salieron de la sala del cine, mientras veíamos «
Yo no voy a decir favor o en contra (salvo que a mi si me gusto), pero si te gustan las películas de 